Misterio de misterios, la Eucaristía es un auténtico don del amor de Dios por nosotros. El Señor Jesús, en la muestra más grande del amor de Padre (1Jn 4, 9-10), se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres... y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz (Flp 2, 7-8), obteniendo para nosotros la reconciliación definitiva. Pero aunque en el misterio de la Anunciación-Encarnación, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo la obra de la reconciliación se realizó una vez y para siempre, el mismo Señor Jesús quiso dejarnos en el misterio eucarístico el memorial de su sacrificio reconciliador. Cada vez que se celebra la Eucaristía, se reactualiza el mismo sacrificio del Hijo de Santa María (Mt 26, 26-28; 1Cor 11, 23-25). En cada Eucaristía, el Señor Jesús sigue despojándose de sí mismo para tomar la apariencia de pan y vino, y ofrecerse nuevamente al Padre por nosotros.
EUCARISTÍA COMUNIÓNLa Eucaristía no sólo es la plenitud de nuestra vida cristiana, sino también la fuente de donde brota toda su vitalidad. Jesús es el Pan de Vida que se nos ofrece como alimento (Jn 6, 48ss). Sólo en el Hijo de Santa María podemos saciar nuestros anhelos más profundos, nuestro hambre de Dios, nuestra nostalgia infinita de felicidad y de plenitud. Y no hay manera más íntima y profunda de unirnos a Dios -mientras dure nuestro peregrinar en la tierra- que recibiéndolo a Él en este sacramento. Quien comulga se une más íntimamente con el Señor Jesús y, por lo tanto, participa más plenamente de su propia vida divina. La Eucaristía es un adelanto sacramental de la gloria a la que estamos llamados: la comunión y participación con Dios-Amor.
EUCARISTÍA PRESENCIA
La presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía no se agota en la Celebración Eucarística. Jesús ha querido también permanecer con nosotros en el sagrario, de manera que podamos visitarlo, abrirle nuestro corazón y compartir con el Amigo fiel nuestras inquietudes y esperanzas; presentar la reverente adoración o elevar la agradecida acción de gracias; el sincero arrepentimiento o la petición llena de confianza, en la intimidad de la oración. Aquel anhelo tan humano de intimidad más profunda con el Señor Jesús, de búsqueda del Hijo de María en su proximidad con nosotros, encuentra eco en la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la Eucaristía.
la celebración misma y sus portes:
1 Rito de entrada
2 Señala la cruz
3 Entrada litúrgica
4 Rito de despedida
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