sábado, 30 de mayo de 2015

Maria madre de la iglesia en la familia

La Virgen María fue solemnemente proclamada como "Madre de la Iglesia" en el Concilio Vaticano II el 21 de nov. de 1964.

La Iglesia celebraba la festividad de la Presentación de la Stma. Virgen María. Era el día de la clausura de la tercera etapa del Concilio Vat. II, y en esa ocasión se iban a promulgar tres Documentos Conciliares: el decreto sobre las Iglesias Orientales Católica; el decreto sobre el Ecumenismo; y sobre todo, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia "Lumen Gentium".

El estudio y la reflexión que el CVII hizo sobre el misterio de María en el plan de salvación, no fue promulgado en un documento propio y particular, sino que providencialmente, bajo la inspiración del ES, fue integrado como el último capítulo de la Constitución sobre la Iglesia. Este capitulo VIII, cuyo título es: "La Stma. Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia" fue llamado por Pablo VI "vértice y corona" de esa Constitución. Fue la primera vez que un concilio Ecuménico presentó una "extensa síntesis de la doctrina católica sobre el puesto que María Stma. ocupa en el misterio de Cristo y de la Iglesia" (Pablo VI)

El propósito del Concilio fue manifestar el rostro de la Santa Iglesia, a la que María esta íntimamente unida, y de la cual ella es "la parte mayor, la parte mejor, la parte principal y mas selecta" (S. Ruperto).

Pablo VI, a nombre de toda la Iglesia, expresó una profunda satisfacción al decir: "podemos afirmar que esta sesión se clausura como himno incomparable de alabanza en honor de María".

Texto de proclamación

"En verdad la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jerárquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenanzas jurídicas. Su esencia íntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, ha de buscarse en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensarla separada de Aquella, que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a si para nuestra salvación.

Así ha de encuadrarse en la visión de la Iglesia la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la doctrina verdadera católica sobre María será siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia.

La reflexión sobre estas estrechas relaciones de María con la Iglesia, tan claramente establecidas por la actual Constitución Conciliar (LG), nos permite creer que es este el momento mas solemne y mas apropiado para dar satisfacción a un voto que han dado todos los padres conciliares, pidiendo insistentemente una declaración explícita durante este Concilio de la función maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano.

Así pues, para GLORIA DE LA VIRGEN Y CONSUELO NUESTRO, PROCLAMAMOS A MARÍA SANTÍSIMA "MADRE DE LA IGLESIA", es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este GRATÍSIMO TITULO.

La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que, desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal, se constituyo en cabeza de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como MADRE DE CRISTO, ES TAMBIÉN, MADRE DE LA IGLESIA.

Juan XXIII: al iniciar el Concilio dijo: "hagamos todo con María, la madre de Jesús. Pablo VI, concluye el concilio proclamando: La maternidad espiritual de María, sobre la Iglesia entera.

-María es la "raíz" del misterio de Cristo: pues es la Madre de Cristo. -María la "coronación del misterio de la Iglesia: es Madre de la Iglesia.

Notemos que el Sumo Pontífice hizo gran énfasis en su proclamación al referirse tres veces: "tanto de los fieles, como de los pastores".

Recordemos que toda piedad y culto a la Virgen Santísima se desarrollan en subordinación armónica al culto de Cristo, gira alrededor de él y es su punto de referencia.

Esta proclamación sobre la doble misión de María se ha transformado en gozosa veneración a Ella y en adoración hacia el sabio designio de Dios, que ha colocado en su Familia- la Iglesia- como en todo hogar doméstico, la figura de una Mujer, que calladamente y en espíritu de servicio, vela por ella y protege benignamente su camino hacia la patria, hasta que llegue el día glorioso del Señor.

Semana santa

La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección,1 aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección. La fecha de la celebración es variable (entre marzo y abril según el año) ya que depende del calendario lunar. La Semana Santa va precedida por la Cuaresma, que finaliza en la Semana de Pasión donde se celebra la eucaristía en el Jueves Santo, se conmemora la Crucifixión de Jesús el Viernes Santo y la Resurrección en la Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección. Durante la Semana Santa tienen lugar numerosas muestras de religiosidad popular a lo largo de todo el mundo, destacando las procesiones y las representaciones de la Pasión.2
Artículo principal: Triduo Pascual
Los días más importantes de la Semana Santa son los formados por el llamado Triduo Pascual: La introducción al Triduo (el Jueves Santo y el Viernes Santo), en el que se conmemora la muerte de Cristo; Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro, y el Domingo de Pascua de la Resurrección.

La fecha de la Semana Santa Artículo principal: Cálculo de la fecha de Pascua


Es en el Concilio de Nicea I (en el año 325) donde se llega finalmente a una solución para este asunto. En él se estableció que la Pascua de Resurrección había de ser celebrada cumpliendo unas determinadas normas:

- Que la Pascua se celebrase en domingo.

- Que no coincidiese nunca con la Pascua judía, que se celebraba independientemente del día de la semana. (De esta manera se evitarían paralelismos o confusiones entre ambas religiones).

- Que los cristianos no celebrasen nunca la Pascua dos veces en el mismo año. Esto tiene su explicación porque el año nuevo empezaba en el equinoccio primaveral, por lo que se prohibía la celebración de la Pascua antes del equinoccio real (antes de la entrada del Sol en Aries).

No obstante, siguió habiendo diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría, si bien el Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría, que lo comunicaba a Roma, la cual difundía el cálculo al resto de la cristiandad.

Finalmente, Dionisio el Exiguo (en el año 525), desde Roma convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la pascua cristiana.

La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de marzo y se debe calcular empleando la Luna llena astronómica. Por ello puede ocurrir no antes del 22 de marzo y el 25 de abril como muy tarde.

El ciclo vacacional que corresponde a la Semana Santa es conocido como "Semana de Turismo" en Uruguay, por una ley de 1919, de secularización de las fiestas religiosas.



Adviento tiempo de espera

El ángel les dijo: “No teman, pues les anuncio
una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:
Les ha nacido hoy, en la ciudad de David,
un Salvador, que es el Cristo Señor
y esto les servirá de señal:
Encontraran a un niño envuelto en pañales
y acostado en un pesebre.
Y de pronto se junto con el ángel una multitud
del ejercito, que alababa Dios, diciendo:
Gloria a Dios en las alturas y en la tierra
paz a los hombres en quienes Él se complace”.
Lucas 2, 8-14

Nace Jesús y el mundo comienza a moverse. Se mueven los ángeles, también los pastores. Llegan después los reyes del oriente. Se estremece Herodes, intervienen los soldados. La comarca entera es sacudida como un árbol del que se hace caer la fruta. Jesús empieza a marcar historia, a dividir las aguas, a interpelar las conciencias, con el sólo hecho de existir. Esta es la Buena Nueva que viene en busca de que otros se salven de las insidias de este tiempo a interrumpir la falsa paz, la paz de Satanás, rey de este mundo perverso.

Ésta es la primera lección que nos da Cristo, el Enviado del Padre. Y es que Él anuncia con sólo su nacimiento, con su presencia, con su ser.

Este, diríamos, es el secreto último de toda sanación, se trata de recibir el Amor de Dios. Nuestra Salvación, nuestra salud no depende de nosotros, viene de Dios.

Hay muchos que están enfermos precisamente por que no han descubierto que la mejor disposición para recibir gracia es, precisamente, ponerse en situación de recibir, tener las manos abiertas, confiadas, pensando que Dios nos Ama.

Desde nuestro nacimiento hemos recibido tanto desamor, que se ha ido haciendo en nosotros como una segunda naturaleza que nos impide creer que se nos puede amar en forma incondicional, y menos sin mérito alguno de nuestra parte; y proyectamos sobre Dios nuestra deficiencia para aceptar que podemos ser amados; y también nuestra deficiencia para aceptar que podemos ser amados; y también nuestra deficiencia para amar de esa forma. 

Creo sinceramente que esta es una dificultad trascendente en nuestra vida. Hay quienes creen que la mayor dificultad está en amar. Yo creo que la mayor dificultad está en dejarse amar. Y la mayor fuente de trastorno si no lo hacemos.

Dios no nos pide tanto que lo amemos, sino que nos dejemos amar por Él.

Solo el hombre que se deja amar empieza a sentirse bien, importante, satisfactorio; y su vida cobra total razón de ser. Nada puede someterlo porque él cuenta con el respaldo más grande de todos, El Amor de Dios. Y aunque no tenga nada, lo tiene al todo.

El amor de Dios en nuestras vidas es la simiente de un verdadero amor a nosotros mismos. Cuando una persona se ama bien así misma, transmite en forma natural ese amor a los demás, sin necesidad de esfuerzo; por el contrario, si no fuera así una persona de buena voluntad podrá hacer muchos esfuerzos, pero difícilmente logrará amar de corazón y su esfuerzo, sin mayores resultados, le traerá cansancio y quizás aumentará su resentimiento. Hay varias razones que nos hacen difícil aceptar este amor verdadero.

Quedamos desorientados, nos ponemos duros, porque se nos hace difícil aceptar un amor que no sólo no comprendemos bien, sino que no sería capaz de actuar por nuestra cuenta. Pero si no dejamos a Jesús que nos ame no seremos salvados; además se revela nuestro egoísmo. Porque ser amados nos obliga a amar de esa manera a todo el mundo, aún si no fueran perfectos como tampoco somos perfectos nosotros y sin embargo Dios nos ama hasta el extremo. Sólo el amor de Dios penetrando en nuestras vidas puede llegar a doblegarnos y a llevarnos a amar, sin esperar que los demás nos amen. Esto nos transforma por dentro. 

Jesús es la fuente de vida de cada uno en particular y en este tiempo Él nos necesita. Nosotros no podemos amar como nos ama Dios, pero Jesús puede amar por intermedio de nosotros.

el hombre ser social llamado a vivir en familia

La familia es la base fundamental de la sociedad, es una institución necesaria para la conservación, propagación y desarrollo en todas las esferas de la vida.
LA CONVIVENCIA FAMILIAR: de la familia nacen los ciudadanos, y éstos encuentran en ella la primera escuela de virtudes sociales, que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma. La familia como base o pilar de la sociedad hace a sus miembros conscientes de su dignidad personal, enriqueciéndolos en su humanidad, en su libertad y autonomía, comprometiéndolo en la construcción de la sociedad.
Toda persona desde su nacimiento se encuentra inmersa en una red de relaciones que son fundamentales para la vida humana y que son definitivas para el desarrollo de la personalidad. El amor paterno y materno es el mayor fundamento de la autoestima en cada persona. La vida familiar es la gran maestra de la convivencia. En el ámbito familiar se realiza el primer aprendizaje práctico de la justicia, pero también el de la solidaridad, paciencia, tolerancia, responsabilidad, gratitud y perdón. Las diferencias individuales de sus miembros son una riqueza y un aprendizaje en la práctica de la ayuda mutua y el aprecio por los dones de los demás. Son frutos de este intercambio la cooperación, admiración por las capacidades de los otros y la solidaridad.

La misma vida intrafamiliar, la relación con los padres, los abuelos, los hermanos y demás parientes son de un valor insustituible, porque cada uno aporta desde su riqueza personal u cúmulo de valores que facilitan y enriquecen la convivencia familiar.

la eucaristía,centro de la vida cristiana

Misterio de misterios, la Eucaristía es un auténtico don del amor de Dios por nosotros. El Señor Jesús, en la muestra más grande del amor de Padre (1Jn 4, 9-10), se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres... y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz (Flp 2, 7-8), obteniendo para nosotros la reconciliación definitiva. Pero aunque en el misterio de la Anunciación-Encarnación, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo la obra de la reconciliación se realizó una vez y para siempre, el mismo Señor Jesús quiso dejarnos en el misterio eucarístico el memorial de su sacrificio reconciliador. Cada vez que se celebra la Eucaristía, se reactualiza el mismo sacrificio del Hijo de Santa María (Mt 26, 26-28; 1Cor 11, 23-25). En cada Eucaristía, el Señor Jesús sigue despojándose de sí mismo para tomar la apariencia de pan y vino, y ofrecerse nuevamente al Padre por nosotros.
EUCARISTÍA COMUNIÓNLa Eucaristía no sólo es la plenitud de nuestra vida cristiana, sino también la fuente de donde brota toda su vitalidad. Jesús es el Pan de Vida que se nos ofrece como alimento (Jn 6, 48ss). Sólo en el Hijo de Santa María podemos saciar nuestros anhelos más profundos, nuestro hambre de Dios, nuestra nostalgia infinita de felicidad y de plenitud. Y no hay manera más íntima y profunda de unirnos a Dios -mientras dure nuestro peregrinar en la tierra- que recibiéndolo a Él en este sacramento. Quien comulga se une más íntimamente con el Señor Jesús y, por lo tanto, participa más plenamente de su propia vida divina. La Eucaristía es un adelanto sacramental de la gloria a la que estamos llamados: la comunión y participación con Dios-Amor.
EUCARISTÍA PRESENCIA
La presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía no se agota en la Celebración Eucarística. Jesús ha querido también permanecer con nosotros en el sagrario, de manera que podamos visitarlo, abrirle nuestro corazón y compartir con el Amigo fiel nuestras inquietudes y esperanzas; presentar la reverente adoración o elevar la agradecida acción de gracias; el sincero arrepentimiento o la petición llena de confianza, en la intimidad de la oración. Aquel anhelo tan humano de intimidad más profunda con el Señor Jesús, de búsqueda del Hijo de María en su proximidad con nosotros, encuentra eco en la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la Eucaristía.

la celebración misma y sus portes: 

1 Rito de entrada

2 Señala la cruz

3 Entrada litúrgica

4 Rito de despedida